Manos de tinta. Mujeres en la gráfica contemporánea

MATERIA Y NIEBLA | Manuel Velázquez

La exposición de grabado Manos de tinta en el Centro Recreativo Xalapeño (Xalapeños Ilustres 31, Centro, Xalapa) reúne el trabajo del Taller de Producción Gráfica Caracol Púrpura y propone una revisión necesaria: visibilizar la centralidad de las mujeres en la historia y el presente de la gráfica mexicana.

Participan: Marcela Bernal, Marissa Boullosa, Rocío Caballero, Martha Chapa, Francesca Dalla Benetta, Patricia García, Ángela Gurría, Marenal, Cynthia Martínez MarGasca, Lucía Maya, Leonor Missrie, Daniela Negrete, Carmen Parra, Inda Sáenz y Carolina Tangassi.

Si bien la historiografía tradicional del grabado en México, articulada en torno a José Guadalupe Posada, Leopoldo Méndez y el Taller de Gráfica Popular (TGP), ha privilegiado la figura masculina, la investigación contemporánea demuestra que la gráfica ha sido un espacio de enunciación política fundamental para las mujeres, como lo han documentado la historiadora del arte Karen Cordero Reiman y Deborah Caplow en distintas investigaciones.

La gráfica, por su reproductibilidad, su vocación social y su capacidad de circulación, permitió a las mujeres artistas crear redes de producción autónomas frente a la exclusión del sistema de galerías y museos en el siglo XX, no como colaboradoras marginales, sino como productoras de matrices y estrategias de difusión.

En ese sentido, la obra de artistas como Lucía Maya, Carmen Parra, Martha Chapa o Rocío Caballero no solo amplió los lenguajes del grabado hacia el libro de artista, el monotipo y la gráfica expandida, sino que introdujo temas vinculados al cuerpo, la memoria y la domesticidad, categorías que hoy, como señala Cordero Reiman, son centrales en la historia del arte con perspectiva de género.

El Taller de Producción Gráfica Caracol Púrpura (Ciudad de México), a cargo de Luis Garzón y Bárbara Huerta, se inscribe en esta genealogía. Su labor como taller colaborativo retoma la tradición del taller como espacio pedagógico y político, en la línea de lo que Mari Carmen Ramírez ha definido como taller-laboratorio.

Esta exposición no es una colectiva al uso. Es un archivo vivo de genealogías. Caracol Púrpura ha entendido el taller no como una maquila de estampas, sino como lo que describió el propio Leopoldo Méndez: un lugar de encuentro, de formación y de resistencia. La presencia de estas quince artistas traza un mapa de cómo la gráfica mexicana hecha por mujeres transita entre lo íntimo y lo social.

Las matrices históricas de Ángela Gurría, Carmen Parra, Martha Chapa, Lucía Maya y Rocío Caballero constituyen la memoria larga del proyecto. Gurría, escultora antes que grabadora, traslada a la estampa su sentido de la materia y del peso.

Carmen Parra y Martha Chapa introducen, desde los años setenta, la iconografía del sueño, del bestiario y del símbolo femenino que reclamó un lugar propio frente al nacionalismo heroico. Lucía Maya y Rocío Caballero, formadas entre México y la escena gráfica internacional, aportan el gesto de la mancha y del cuerpo como paisaje.

El núcleo intermedio conformado por Marissa Boullosa, Leonor Missrie, Patricia García y Marcela Bernal representa la consolidación de un lenguaje gráfico autónomo. Boullosa hace del grabado un herbario político en torno a la condición femenina contemporánea. Missrie, desde su poética del trazo mínimo, demuestra que la línea puede ser habitable. García y Bernal trabajan el grabado como escritura: la matriz como página, la estampa como carta.

Finalmente, Inda Sáenz, Marenal, Daniela Negrete, Carolina Tangassi, Francesca Dalla Benetta y Cynthia Martínez MarGasca son artistas que no solo producen en Caracol Púrpura, sino que han llevado la gráfica al libro de artista y a la instalación, al monotipo y al performance gráfico. No son excepciones en una historia de hombres; son la continuidad de una tradición que la historia oficial tardó en nombrar.

Verlas juntas en Xalapeños Ilustres 31 tiene sentido. El Centro Recreativo Xalapeño es, por tradición, un espacio comunitario: no un museo de élite, sino un lugar de reunión y encuentro. Caracol Púrpura propicia así la conversación entre mujeres que imprimen, que enseñan a imprimir y que, con cada tinta, reescriben la historia que las había dejado fuera.

Manos de tinta no es solo una exposición de grabado. Es la afirmación de que la gráfica mexicana contemporánea no se entiende sin las manos, sin la tinta y sin el pensamiento de las mujeres que la han sostenido, impreso y transformado.