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LOS AÑOS DORADOS
LOS 70 Y EL GRAN DETONANTE PRODUCTIVO DE NUESTRA MESOPOTAMIA HUASTECA
CITRÓPOLIS
Por: José Gabriel Gómez Corrales

La prosperidad de nuestra Citrópolis no es un fenómeno reciente ni una casualidad del destino. Quienes caminamos y habitamos este suelo debemos recordar que la verdadera grandeza de Álamo Temapache está escrita en la fertilidad eterna de sus entrañas. Cobijado por las aguas generosas de los ríos Pantepec y Vinazco, nuestro municipio ha sido siempre una pequeña Mesopotamia huasteca, un edén agrícola donde la riqueza no dependió del oro negro de los pozos petroleros. Cuando el campo petrolero desapareció, la economía local no murió; simplemente regresó a su verdadera vocación: la tierra.
La bendición de nuestro suelo ya daba frutos dorados mucho antes de las últimas décadas del siglo pasado. La memoria histórica nos recuerda que el cultivo formal del tabaco inició con fuerza en 1947, inyectando una bonanza temprana, seguida milagrosamente en 1948 por la llegada de los primeros árboles de naranja que comenzaron a pintar de verde y azahar el paisaje de la cuenca.
Sin embargo, los años setenta guardan un lugar nostálgico e imborrable en el corazón de nuestro pueblo porque funcionaron como el gran detonante masivo que democratizó y multiplicó esa riqueza, llevándola directo al patrimonio de las familias del campo a través del último gran respiro de la reforma agraria.
LA JUSTICIA DE LA TIERRA EN CASCADA
Los archivos de la Federación y la investigación para mi libro Tzicoac confirman que el sexenio del presidente Luis Echeverría Álvarez significó la consolidación definitiva de nuestro mapa ejidal. El detonante comenzó en 1970 con el decreto de Agua Zarca. Para 1971, las resoluciones presidenciales ampararon en cascada a los fundadores de Ojital la Guadalupe, Buena Vista Dos, Pueblo Nuevo y al combativo ejido de Monte Chiquito.
Tras la promulgación de la Ley Federal de Reforma Agraria de 1971, la justicia legal estalló. En 1973 nació Héroes del 47, abriendo paso al masivo año de 1974, donde recibieron sus decretos definitivos La Noria, Palo Blanco, Álamo Tortuga, Ojital Ciruelo, Ojital Santa María, San Fernando, El Manantial y la colonia ejidal Lázaro Cárdenas del Río. La marcha del machete y el deslinde cerró entre 1975 y 1976 con las publicaciones federales de Agua Nacida, La Defensa, Ignacio Zaragoza, Brasilar, Estación Llano Grande, Lucio Blanco, La Providencia, Paso Álamo y el ejido de Cerro del Plumaje.
Haciendo un cómputo matemático riguroso, en ese sexenio se repartieron en nuestro fundo legal más de 7,500 hectáreas de tierras agrícolas, creando cerca de mil parcelas individuales. Mil hogares que adquirieron la certeza jurídica para sumarse a la vocación productiva del municipio.
TABAMEX: EL ACELERADOR DE LA BONANZA
Ese gran detonante agrario encontró su gemelo financiero en noviembre de 1972 con la creación de la empresa paraestatal Tabacos Mexicanos (TABAMEX). Con oficinas operando en la calle Independencia, justo frente a la entrañable escuela Artículo 123 “18 de Marzo”, TABAMEX organizó a los nuevos ejidatarios y financió el cultivo masivo del tabaco rubio.
Aquellos fueron años de una nostalgia entrañable; el dinero corría con fluidez en las comunidades, el comercio estalló en la cabecera municipal y los campos se poblaron con las icónicas galeras de lámina destinadas al secado de la hoja. Lejos de competir con nuestra citricultura, la inyección económica de la bonanza tabacalera potencializó y aceleró la expansión de los naranjales que ya venían creciendo desde 1948. El tabaco le dio el capital necesario al campesino para limpiar el monte, asegurar su hogar y expandir esas huertas que consolidarían nuestro emporio agrícola.
HONOR A QUIEN HONOR MERECE
Es aquí donde debemos detenernos para hacer un acto de estricta y valiente justicia histórica. En los debates de la política nacional, la figura de Luis Echeverría suele ser juzgada bajo la dura etiqueta del populismo. Sin embargo, analizando las cosas desde el surco y la parcela, las familias campesinas de Álamo Temapache guardan una deuda de gratitud histórica con su mandato.
Populista o no, aquel presidente firmó con determinación los decretos que transformaron a miles de peones agrícolas en legítimos propietarios. Populista o no, su gobierno inyectó a través de TABAMEX los recursos que permitieron capitalizar las huertas. Para nuestro municipio, la mano de Echeverría fue el ariete que derribó los viejos latifundios y le entregó el destino de la tierra a quienes verdaderamente la sudaban. Mirando el impacto real en el patrimonio de nuestros abuelos y padres, bien podríamos decir que, en el corazón rural de Álamo, ese “canijo” se ganó su propio monumento de memoria y respeto.
RAÍCES DE RESISTENCIA
Hoy en día, aunque la citricultura atraviesa tiempos sumamente difíciles, retos climáticos y desafíos fitosanitarios complejos, la vocación de nuestra Mesopotamia sigue intacta. Álamo Temapache se mantiene firme como el primer productor de naranja, demostrando que la verdadera riqueza de nuestra Citrópolis no está en las oficinas del poder, sino en la resistencia, el sudor y el amor eterno de nuestra gente por la tierra.